Publicado en el periódico Milenio, 24 de enero de 2012
DE NEBLINAS y DON GOYO, Víctor Bacre Parra
El objetivo de la Comisión mundial de cultura y desarrollo es mostrar como la cultura moldea nuestro pensamiento, así como la imaginación.
Amartya Sen, ya citado en este espacio, sostiene en “Culture, Economics and Development”, un documento preparado para la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo en 1995 que “el desarrollo se concibe como un proceso que aumenta la libertad efectiva de quienes se benefician de él para llevar adelante cualquier actividad a la que atribuyen valor”, y como sustento teórico del desarrollo humano avalado por la UNESCO (Nuestra Diversidad Creativa. UNESCO, 1996).
Esta cita viene a colación para referirnos, a la acción cultural y al desarrollo, que deben permear y enmarcar con prioridad, las acciones de transformación y progreso, tanto en la políticas públicas gubernamentales como en las acciones particulares de organizaciones sociales, cooperativas y fundaciones.
A este respecto, el Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo, redactó y expone a los lectores de Milenio Diario que su objetivo principal es mostrar como la cultura moldea nuestros pensamientos, imaginación y comportamiento. Vale partir de esta primera idea para comprender mejor el desarrollo y cultura de dos realidades indígenas que se dan, también, en dos regiones de nuestra República: la de los rarámuris en la Sierra Tarahumara de Chihuahua y los náhuats y totonacas en la Sierra Nororiental de Puebla.
Nos dice en otra parte el Informe de la UNESCO que, la cultura es la transmisión de comportamiento y también una fuente dinámica de cambio, creatividad y libertad, que abre posibilidades de innovación. Así, la Sociedad Agropecuaria Regional “TosepanTitataniske” (“Unidos Venceremos”), hace 35 años, fue fundada por un grupo de indígenas-campesinos (hombres y mujeres), técnicos del Colegio de Postgraduados (Plan Zacapoaxtla-Pider) en torno a la compra de azúcar que en la zona costaba hasta $10, mientras en otros lugares, se cotizaba a $2.40, donde se empezó a adquirir y transportar a Cuetzalan.
El azúcar era indispensable para los indígenas que encontraban en el consumo del café una fuente energética para sus actividades y para paliar el hambre. Esta primera pequeña cooperativa de consumo enseñó el camino educativo-cultural de organizarse, unirse y darse la estructura democrática y de participación acorde y con respeto a sus tradiciones, valores, creencias y trabajos. Ahora, son más de 6 mil jefes de familia en más de 66 comunidades en las que funcionan 66 cooperativas, una asamblea, un consejo de administración y varios programas que han impulsado, fortalecido y creado un gran Centro de Formación de Formadores “Kaltaixpetaniloyan” (“Casa donde se abre el Espíritu”); una escuela de educación básica, educación media superior, una próxima licenciatura en interculturalidad y ordenación territorial creada por la BUAP. La caja de ahorro Tosepantomin (“El dinero de todos”); cabañas turística apoyadas por el INAH y por el antiguo INI, ahora CDI. “Tosepan Kali” (“Casa de Todos”); programas de café orgánico, de miel y pimienta orgánicas; establecimiento de viveros con más de un millón de plantas.
Artesanías, tortillerías, materiales para construcción, tiendas y beneficios ecológicos. Planta de hongos, composta y mariposario. Son, de las principales actividades educativas culturales que la Tosepan efectúa en convenios con la UdeG, BUAP, UIA, UNAM, CONAFE, BANAMEX y otras instituciones nacionales e internacionales. En momentos, más por desconocimiento que por mala fe, no se han tenido apoyos ni reconocimientos gubernamentales ni empresariales.
Nuevamente, el informe de la UNESCO indica que, para los grupos y las sociedades, la cultura es energía, inspiración y empoderamiento.
Cuestión que los integrantes de la Tosepan han estado tratando de llevar a la teoría y práctica. Considero, que como bien reafirma en un párrafo más el referido informe de la UNESCO, que para entender, cabalmente, los procesos de Rarámuris y de Náhuat-Totonacas, señala: “Así como la tarea de construir la paz y consolidar los valores democráticos constituye un conjunto indivisible de objetivos, de la misma manera el goce de los derechos económicos y políticos no se puede disociar de los derechos sociales y culturales” (Idem).
José Emilio Pacheco, Proceso, y José Cueli, La Jornada, sintetizan la situación que viven y padecen, actualmente los Tarahumaras. Dice José Emilio “En 1957. Es decir, hace 55 años, Fernando Benítez escribió Viaje a la Tarahumara(…)incluido en su obra Los indios de México(1967-1980).
Si se hubieran leído acaso sería otra la intolerable situación actual.
Benítez fue a la Tarahumara, cuando el fracaso de Ki, el drama de un pueblo y de una planta (1956), su crónica de Yucatán, le había hecho pensar en la inutilidad de escribir libros de esta naturaleza. La ignoraron los agrónomos, los economistas, los grandes escritores y sobre todo los gobernantes y las autoridades encargadas de aplicar la reforma agraria. En vez de eso, se empeñaron en continuar los torpes y reaccionaros métodos que han llevado a la ruina y a la desmoralización al campo mexicano. Concluía así el gran reportaje:
“Ríos tumultuosos, caídas de agua capaces de abastecer de energía eléctrica al noroeste del país, riquísimos pinares, extensos yacimientos minerales, cincuenta mil indios vestidos de harapos tienen como único patrimonio el hambre, el alcohol y el suicidio”. Casi medio siglo ha pasado y todo sigue en un empeoramiento irrefrenable” (Proceso: No.
1838).
